El proyecto de la casa Toro se inspiró en materiales naturales, como la piedra basáltica y la madera. La necesidad de utilizarlos para formar una composición armoniosa y racional fue el foco del proyecto, al igual que la presencia del yeso rústico con pintura blanca. Con la unión de estos materiales se diseñó una residencia fuertemente basada en la arquitectura uruguaya.

En la entrada a la vivienda, hay un pórtico de piedra basáltica, que alberga la puerta de acceso realizada en madera maciza con negativos en acabado acero inoxidable y tirador cromado. La entrada está protegida por un toldo blanco que se extiende sobre el retiro de jardinería, ofreciendo refugio a cualquiera que acceda a la casa y contrastando con la textura oscura de las piedras. Al lado, en fachada, se abre un hueco para semimarco, compuesto por una estructura de aluminio y vidrio, que además de ofrecer iluminación al ambiente interno, brinda armonía entre el ambiente interno y el paisajismo externo.

Sobre el hueco del garaje, que tiene espacio para dos vehículos, se diseñó una jardinera que se extiende en toda su longitud junto a la fachada. Para finalizar la composición y el contrapunto de los tonos, se presenta una mochila en forma de “L” en pintura negra con un interior conformado por listones de madera para las ventanas de los dormitorios y una abertura con una malla de tubos de acero negros.